Los trikes son un cruce bastante peculiar entre coche y moto, con dos ruedas detrás y una delante, generalmente con un propulsor de motocicleta de gran cilindrada o un motor de coche no demasiado potente. Son todo apariencias, puesto que en mi opinión heredan lo peor de cada mundo, sin aportar ventajas grandes. De tamaño grande, son difíciles de estacionar y no tienen la agilidad de las motos, pero sí la posición expuesta del piloto. Pero todas estas quejas se me olvidan con este Blastolene.
La empresa estadounidense ha creado el Frogman Rocket II, un
auténtico cohete sobre ruedas que parece sacado de las mismas
cuevas del infierno. Impresionante es decir poco: es tan largo como un
coche, la rueda delantera tiene unos increíbles tapacubos cromados y el
sistema de iluminación es deliciosamente retrofuturista. Sin embargo, el
protagonista indiscutible es el gigantesco motor HEMI V8 sobrealimentado por compresor. Más
de 1.000 CV a las ruedas traseras, con menos de una tonelada de peso.
Rock ‘n roll.
Y concretamente AC/DC, es lo que debería sonar como banda sonora del
vídeo que el dueño de este vehículo único ha creado. El afortunado es
Tim Coterill, que nos lo muestra durante 10 espectaculares minutos desde
todos los ángulos imaginables. Es casi un corto de disfrute
obligado para todos los amantes del motor: muchos sonidos de
motor V8, goma quemada a raudales y paisajes de infarto. Sólo hay una mala, banda sonora de guitarra española no es lo apropiado para un
monstruo así. 
Espero que os hayáis podido recrear en detalles como sus gigantescas
ruedas traseras, los spoilers iluminados montados directamente sobre el
bloque motor o el tamaño del compresor, con la frase “Size Does Matter”
escrita en los álabes de la admisión. Tampoco podemos olvidar el momento
en el que se pone a más de 320 km/h – puede que en
carreteras públicas – abriendo paracaídas para frenar y recoger a una
chica sorprendentemente ligera de cascos en medio del desierto. Me encantaría conducir este monstruo, pero puede que me echase atrás al
sentarme en el asiento, con el manillar como único punto de apoyo contra
los 1.000 CV y más de 1.000 Nm que emanan de la mecánica HEMI. Seguro que Brian
Johnson cambiaba su Phantom Drophead por esta belleza.
|